“El Silencio de la imagen”

“El que lucha con monstruos, debe tener cuidado de no convertirse a su vez en monstruo. Si miras durante mucho tiempo al fondo del abismo, el abismo terminará por entrar en ti.”
(F. Nietzsche)

“Es en el espacio de la pura visión donde la locura despliega todos sus poderes”
(M. Foucault)





Ethel perseguía reflejos y sombras en los lienzos, bautizándolos con pintura los atrapaba en la eterna figura que los paralizaba. Acariciaba su tela, hasta que sentía el deber de agarrar sus herramientas y lanzar manos a la obra. Agarraba pomos de acrílicos los apretaba para poner algo de su contenido en paletas viejas que su madre ya de pequeña le había regalado. Sumergía sus dedos en los colores hasta sentir que la pintura penetraba en las uñas, hasta esos lugares donde no llegan los cepillos para poder limpiárselos, y comenzaba. A veces también usaba espátulas de diferentes formas, pinceles de diferentes tamaños, incluso esponjas u otros artilugios. Ethel no se definía por un estilo, ella no tenía definición decía. No figuro en el diccionario – bromeaba. No era solo una palabra para poder tener significado. Nunca hacía bocetos, nunca dibujaba. Ella solo veía su lienzo y repetía la rutina de encerrar, con el talento que la caracterizaba, figuras que se paseaban en él. No sabía de dónde venían, no sabía dónde iban, menos por qué estaban ahí. Los reflejos aparecían como luz del sol tras las hojas de los árboles, hasta que se volvían más nítidos, y recorrían el espacio fugándose por los horizontes laterales. Fotografía estática, el lienzo, los dejaba escapar pero estos luego volvían como si no supiesen dónde estaban, mirando hacia todos lados. En el cintilar instantáneo de esas formas, las dejaba presas de sus figuras inquietamente estáticas, atrapadas en un sin-tiempo de ensueño. Ethel aprovechaba sus mejores poses para pintarlos, y allí quedaban. Animales, personas, dioses, símbolos, miedos y alegrías, palabras, fantasmas, apariencias, vicios, costumbres, triunfos y fracasos vestidos de frac, todo llegaba al lienzo de Ethel para ser eternizado con pinturas.
Una mañana, una mujer apareció en el espacio en blanco iluminado solo por la claridad del sol que dejaba pasar la ventana de la habitación. Curiosa figura acéfala se confundía entre tantas otras que anteriormente sabían presentarse, pero su cuerpo se comportaba como si allí tuviera un par de ojos para poder ver. Caminaba un lado hacia otro con sus manos colgando a los lados. Pantalón negro ajustado a su figura, que dejaba lucir la silueta de sus caderas, zapatos tipo borseguíes marrones, gastados, de suelas finitas, una camisa azul, de tela de jean arremangada a los codos la vestían torpemente. Ethel abrió su boca y se la tapó con la mano derecha. Los parpados muy distanciados de las pupilas dejaban leer el pánico en su rostro. Con la mano izquierda, y por primera vez, empujó el lienzo con fuerza dejándolo caer al suelo. Miró y camino lentamente a la ventana sintiendo que sus pies no tocaban el suelo o como si ni si quiera los moviera.
Las escenas sucedían en su cabeza como un álbum de fotos de exposición fúnebre. Y cada una de ellas tomaba fuerza en alguna parte de su cerebro formando una gran imagen humana con forma de mujer. Discontinuas, extravagantes, circenses formas, incoherentes muchas, representaban algo de Ethel y ella lo sabía. En lo más recóndito de su ser recordaba cada una de las pinturas, pantomimas de su personalidad, navegando en un lienzo sin fondo, sin horizonte. Solo faltaba su propio retrato. Cosa que no podía enfrentar sencillamente. Parada entre tantos trastos viejos del taller, que nunca le regalo juventud, se le cruzó como una flecha el pensamiento de no querer recoger el lienzo, escapar por la puerta y viajar a países desconocidos y nunca volver a su vida. Pero yo creo que ni la misma Ethel sabe por qué, tomó ese abismo blanco con sus dos manos y lo puso prolijamente en su caballete.
Preguntas que respondían más preguntas que surgían. Ese rectángulo tan penetrante no tenía nadie allí. De repente una figura femenina corriendo por la mitad de la escena cruzándola de lado a lado sobresaltó a Ethel que dio un paso hacia atrás por miedo a que la figura quisiera salir. Luego de un momento, caminando hacia el centro de la escena la figura se paró mirando hacia Ethel y se acercó. Estaqueadas al suelo, frente a frente se miraron como si se conocieran de años. ¿Pero por qué esta figura no tenía cabeza? Intuitivamente Ethel rompiendo el paralítico momento llevó sus manos a su cara tapándosela, con vergüenza, con inquietud. Escurriendo entre sus dedos débiles, dudosos, sus ojos, como quien espía por la cerradura de una puerta para ver lo escondido, lo prohibido, lo incuestionable, con la forma del perímetro de sus manos el rostro de la mujer se lograba distinguir. En el mismo instante en que Ethel descubría su efímero gesto y sus propios ojos mirándola tan profundamente que creía ahogarse en ellos ocultó rápidamente sus manos en la espalda.
La imagen sin cabeza decía más que mil palabras, definía lo que Ethel era, su vocación, su verdad, tan consustancial que no tenía rostro para mostrarse y que más que un reflejo era su proyección al mundo, a un precipicio lleno de preguntas como es un espacio en blanco, donde no existen imperfecciones, errores, y solo los separaba el vértigo de la tela. Con necia intrepidez Ethel buscó en los trastos viejos del taller una máscara que había hecho para un carnaval. Máscara de yeso, adornada con puntillas, plumas y dibujos de fuertes colores, en tonos blancos, negros y dorados, que arrancó con desmesura, para que no exista nada más que el blanco yeso. Se miró en un espejo cómo le quedaba la máscara y largó una carcajada irónica, nerviosa, sostenida como si en ese instante dieran vuelta la cuerda del reloj de Cronos, que ni él mismo conociera el tiempo verdadero de la historia. Risa renovada, fatua, apagada, casi ridícula que calla sin saberse su inicio. Siempre mirándose al espejo, se pensaba si ahora podría ver su propio rostro en la pintura.
El silencio de espera de la imagen femenina, vago espejismo conciente de Ethel determinaba su propia figura. El ensueño seductor detrás del misterio que despertaba la situación, estimulaba a Ethel a apretar con fuerza las pinturas y descargarlas en su paleta. Su mano llena de colores se elevó sobre el lienzo y al acercarse se detuvo temblorosa, inconsistentemente. Su retrato esperaba y como si la propia tela pudiera acercarse a su mano al fin se encontraron. Sellaron el fin del fin, antes del último suspiro libre de la figura. En el reflejo de la invisible perspectiva lumínica denotaba que su rostro no poseía gesticulación. Carecía de toda mueca que ilumine la duda. Semblante cuestionador y rígido no dejaba de decir al mismo tiempo que callar. Y en el último trazo de pintura al perder contacto con su tela Ethel se sobresalta.
Quieta en la inmensa blanca oscuridad donde se encontraba, sin trastos viejos, sin taller, sin pinturas, sin lugar, sintió la innegable asfixia de la verdad. Sin escapatoria se dio cuenta que nunca había pintado el fondo. Ethel, una figura sin lugar, sola en su cuadro, cada vez que soñaba recreaba su propia existencia, renovaba su propio aire para poder respirar el delirio de verse distinta en una nave tan procaz como la imaginación y silenciosa como el ruido mismo en la sordera del fondo blanco y creía estar del otro lado.

15 comentarios:

  1. UNA BUENA NARRACIÓN DONDE NO DEJA PUNTADA SIN HILO. MUY BELLAS FRASES Y ME AGRADÓ EL USO DE LOS ADJETIVOS Y LA CONSTRUCCIÓN DE IMÁGENES: "triunfos y fracasos vestidos de frac". DE TODO EL TEXTO ME PARECE QUE EL FINAL CIERRA MAJESTUOSAMENTE, TÉCNICA QUE SE VIENE NOTANDO EN TUS RELATOS.
    EN CUANTO A LA HISTORIA PUEDO DECIR QUE ME DEJO PENSANDO EN ESTO DE MIRAR CON ÉNFASIS TAL SITUACIÓN HASTA VERSE ENCERRADO EN ELLA O LO QUE ES PEOR, TRANSFORMADO EN ESO.
    UNA VEZ OÍ: "PASAR TANTO TIEMPO EN UN LUGAR TE TRANSFORMA, SIN QUE TE DES CUENTA, A ÉL" Y SENTÍ ESCALOFRÍOS, ME HIZO PENSAR EN LA GENTE QUE SE LA PASA TRABAJANDO Y NO SE DA CUENTA QUE LO DEVORA UNA PROFESIÓN, UNA OFICINA, UN HORARIO.
    LA IMÁGEN SIN CABEZA, AQUELLO QUE NO PIENSA, NO PRODUCE, NO SUEÑA... QUE ARTISTA NO TEME QUE LE SUCEDA LO QUE A ETHEL...
    TE FELICITO ALE, DISFRUTO MUCHO LEERTE Y ESPERO MAS TODAVÍA PARA SEGUIR LEYENDO.
    NICO

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  2. ale: iba escribir un comentario extenso citando algunas cosillas que me gustaron... pero me gano de mano nico... igual dejo expresado esta interesante combinacion de palabras, que a mi me hicieron mover mi ceja derecha sutilmente hacia arriba. "Los parpados muy distanciados de las pupilas dejaban leer el pánico en su rostro"
    "...Risa renovada, fatua, apagada, casi ridícula que calla sin saberse su inicio."
    Ya sabes me asombro!!!

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  3. WOW.
    no se que decir, supongo que el texto me DEJO SIN ALIENTO.
    Y no sere como Ethel, pero es completamente cierto, hasta que punto uno se contruye de sus actos, o dicho de otra forma, los productos de nuestra labor (en el ambito que sea pero en elartistico por sobre todas las cosas) son parte de nosotros, migajas de nuestra existencia.
    Repito, la narracion me llevo de principio a fin sin aliento.
    Confio en que el bendito dia que nos encontremos a tomar algo,llegue. Mientras tanto
    lamejor de lassuertes.
    May

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  4. BRAVO maestro!

    una vez mas me dejaste asombrada mi hombre turquesa.
    lograste en algunas lineas describir la fantasia, tornarla realidad y hacerla nuestra.

    me encanta bailar contigo leyendo estas lineas.

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  5. cual es el sentido de "publicar un comentario en la entrada"?

    cuàl es tu relación con esos comentarios ubicados al pie de cada creación? me pregunto desde que lugar los vivis?: comentariosconvencidossiempredealgo

    te llegan?te amplìan?te modifican?te interesan?te condicionan? te nutren? o solo alimentan tu ego...

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  6. "Un egoísta es aquel sujeto que se empeña en hablar de sí mismo cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti."
    Jean Coctaeu

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  7. Bonito texto ,me gusta este blog ! te sigo vale besoss

    by_karac0ola^^

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  8. Antes que nada gracias por pasar por mi espacio y por decidir seguirme.

    Lo que acabo de leer, me ha gustado mucho.
    No se bien que fue, pero lo lei de principio a fin y me asaltaron variedad de sensaciones.
    Voy a rescatar una.
    La identificacion.

    Si, me senti sumamente identificada con el texto.
    Las ceratas, los actos, el no poder pintar el fonde... el no reconocimiento de uno mismo...
    Me encanto...

    Tambien decido seguirte...


    Y, por ultimo, lei que sos de rosario.
    Yo tambien soy "casi" de rosario, es que vivo en una ciudad que queda por decirlo de alguna manera "al lado de rosario"...
    Que casualidad cuanta cercania...

    Besos!

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  9. y en cuanto a lo que dijo "anonimo" me parece una gilipolles. depende de vos de que lado los pillas. por el mero hecho de que alguien te lea dice mucho.

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  10. En respuesta a tu pregunta, te digo que donde vivo, mi ciudad se llama San Lorenzo... Seguro conoces...

    Esta a 20 minutos en auto de rosario...

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  11. Nunca me va a salir pintar sin bocetear. Me dijeron que era desprolijo, toda la vida, todos los profesores. No puedo ir contra tantos años de retos, jaja.

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  12. No se que es realidad ni ficción. Gracias por hacerme volar unos minutos!

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  13. me encanto babu! admiro tu forma de escribir, me encantaron todos, me gusta mucho ese tipo de cuentos y coincido con los que comentaron y aportaron, la verdad. jeje te voy a mandar un par míos a ver que te parecen, hace bastante que no escribo! besos!
    Gala

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